Barcelona ’92, mucho más que unos Juegos

Andrea Pala
1. diciembre 2017
La Torre Mapfre y el Hotel Arts en construcción, 1991. Fuente: Tempus Fugit Visual Projects

2017 ha sido un año importante para la ciudad de Barcelona, que ha celebrado el 25 aniversario de las Olimpiadas de 1992, los Juegos que “pusieron la ciudad catalana en el mapa”.

Los Juegos Olímpicos significaron un cambio radical de la ciudad de Barcelona, que supo aprovechar esta oportunidad para llevar a cabo una gran transformación urbanística. De hecho, fue el pretexto para ejecutar, en un breve periodo de tiempo, todos los proyectos pendientes para su “reconstrucción”. Se trabajó para resolver los problemas reales de la ciudad en lugar de proceder con el tipo de estrategia especulativa que desafortunadamente ha caracterizado muchos otros Juegos.

Las dos Exposiciones Universales que se celebraron en Barcelona, en 1888 y en 1929, adoptaron el mismo camino: proyectar las instalaciones y las infraestructuras en función de un programa de actuación urbanístico, capaz de hacer frente a las carencias de la ciudad y de promover unas transformaciones pensadas de cara al futuro. Barcelona, en vista de este nuevo gran evento, tenía la obligación y la responsabilidad de continuar actuando para el futuro próximo más que para el presente.

Exposición Internacional 1929 en obras. Marzo 1928. Cortesía: Barcelona Desapareguda

El éxito de esta ciudad y de su modelo urbanístico está asentado en su visión proyectada hacia el futuro. De hecho, las condiciones para la transformación de la Barcelona del 1992 empiezan a plantearse en 1976, durante el breve mandado del alcalde Josep Maria Socías Humbert y su delegado de Urbanismo, Joan Antoni Solans. Los dos llevaron a cabo una política urbanística concienzuda que consistía en adquirir terrenos como patrimonio municipal, preservándolos de posibles especulaciones y reservándolos para el futuro. Socías y Solans eran conscientes que aquel Ayuntamiento no tenía recursos, pero estaban convencidos que aquella reserva de terrenos y propiedades podrían ser útiles para la reconstrucción de Barcelona.

La transformación empezó a partir de 1979, tras la llegada al poder del Partido Socialista de Cataluña, con el alcalde Narcís Serra y el arquitecto Oriol Bohigas como delegado de Urbanismo. Este último fue el promotor de la reconstrucción. Su estrategia inicial se basaba en intervenciones puntuales dirigidas a los espacios públicos más significativos de la ciudad (plazas, jardines y calles), siguiendo las directivas del Plan General Metropolitano de 1976. Desde el primer momento se descartó la posibilidad de revisar el Plano. Según Bohigas el tema prioritario ya no era la expansión sino que la reconstrucción. Había que empezar a actuar en el campo físico de la realidad, en lugar de revisar hipótesis sobre un plano de papel.

Finalmente la adjudicación de Barcelona como sede olímpica en 1986, determinó el cambio de escala de las intervenciones. Si hasta aquel momento se había trabajado a la escala de barrio, ahora la inminencia de los Juegos requerían aplicar el método urbanístico a una escala más amplia, extendida a toda la ciudad. El carácter extraordinario de este evento impulsó notablemente las operaciones de transformación, permitiendo a la ciudad apostar por proyectos más ambiciosos. Mientras tanto, el alcalde Narcís Serra fue sustituido por Pascual Maragall (1983), y Oriol Bohigas se convirtió en su concejal de su gobierno (1984).

17 de octubre de 1986, Plaza de Catalunya en el momento en que Barcelona es proclamada sede de los Juegos Olímpicos. Fuente: El País

A diferencia de otras ciudades elegidas como sede de los Juegos Olímpicos, Barcelona descartó la posibilitad de extender sus límites. Optó con decisión por intervenir sobre lo existente, a través de un proyecto de renovación urbana que preveía la implementación de las nuevas estructuras deportivas. Uno de los puntos a resolver fue mejorar el sistema general de las infraestructuras: se racionalizó el sistema ferroviario permitiendo liberar suelo público para la construcción de nuevos espacios urbanos, y se amplió el sistema de drenaje y evacuación de las aguas pluviales y residuales. Además, fue necesaria una operación sustancial sobre el sistema viario con la construcción del cinturón de rondas, que sirvió para conectar las áreas olímpicas y mejorar la fluidez del tránsito urbano.

Se eligieron cuatro grandes áreas olímpicas: Montjuïc, Diagonal, Vall d’Hebron y Poblenou que, situadas en puntos estratégicos de la ciudad, formaban un cuadrado unido por las nuevas rondas y redefinían el centro de la ciudad. Eran zonas “periféricas” de Barcelona que vivían una situación crítica de marginación, causada sobre todo por problemas de accesibilidad. Su transformación produjo una regeneración del entorno por efecto de ósmosis, garantizando una mayor continuidad urbana con las zonas más consolidadas de la ciudad.

Las cuatro áreas olímpicas y el cinturón de rondas. Fotografía aérea de Barcelona, IGN (Instituto Geográfico Nacional)

Área de Montjuïc

La montaña del Montjuïc fue el escenario central de los Juegos Olímpicos de 1992, aquí se construyeron las principales instalaciones deportivas. A pesar de la imponente obra constituida por el Anillo Olímpico, que lleva la firma de importantes arquitectos, la transformación más significativa está en las obras de urbanización del parque. La Exposición Universal de 1929 había dado inicio a una recalificación, sin conseguir abarcar el área entera. Con las Olimpiadas a la vista, se trabajó para mejorar la relación entre el parque y la ciudad. Se reformaron los accesos en los diferentes puntos de frontera entre la trama edificada y el espacio libre, se urbanizaron nuevos viales interiores y se construyó un sistema de escaleras mecánicas para hacer frente al desnivel morfológico de la montaña.

Barcelona, Área olímpica de Montjuïc. IGN (Instituto Geográfico Nacional)
Barcelona, Área olímpica de Montjuïc. IGN (Instituto Geográfico Nacional)

Área de la Diagonal

El área olímpica de la Diagonal se articulaba en el final oeste de la gran Avenida, en el límite municipal que une Barcelona con L’Hospitalet. Esta zona alojaba una gran concentración de equipamientos deportivos, destinados a ser reformados y reutilizados para los Juegos. Su principal problema era la ausencia total de urbanización que se decidió solucionar con el proyecto de una nueva red viaria. El objetivo era dar un sentido a todas las piezas presentes a través de la reorganización de los elementos estructurantes del tejido urbano: espacios públicos y calles.

Barcelona, Área olímpica de la Diagonal. IGN (Instituto Geográfico Nacional)
Barcelona, Área olímpica de la Diagonal. IGN (Instituto Geográfico Nacional)

Área de Vall d’Hebron

Este área olímpica fue concebida como un gran parque que quería hacer frente a la falta de equipamientos y espacios libres de esta zona de la ciudad. La Vall d’Hebron estaba formada por barrios que se constituyeron a través de un “urbanismo de yuxtaposición”, el que provocó la desconexión y el aislamiento respecto al resto de la ciudad. El cubrimiento de la Ronda de Dalt habría servido para solucionar el problema pero, en cambio, terminó partiendo la zona en dos, provocando una fuerte oposición vecinal. La herida todavía sigue abierta.

Barcelona, Área olímpica de Vall d’Hebron. IGN (Instituto Geográfico Nacional)
Barcelona, Área olímpica de Vall d’Hebron. IGN (Instituto Geográfico Nacional)

Área de Poblenou

El proyecto de este área fue seguramente el más importante de los cuatro porque permitió a la ciudad de Barcelona reapropiarse de su litoral. De hecho, solamente el barrio de la Barceloneta se asomaba tímidamente al mar, el resto del litoral estaba separado de la trama urbana por la vía del tren y la presencia de industrias en general obsoletas. Las playas eran prácticamente inexistentes y la ciudad vivía literalmente de espaldas al mar. El trabajo de regeneración de la costa fue asombroso, permitió ganar aproximadamente seis kilómetros de playas y uno de los más famosos paseos marítimos del mundo. Además llevó a la construcción de la Villa Olímpica, un barrio creado desde cero que ha conseguido integrarse bien en el entorno sin degenerar en un espacio de pobreza y marginación.

Barcelona, Área olímpica de Poblenou. IGN (Instituto Geográfico Nacional)
Barcelona, Área olímpica de Poblenou. IGN (Instituto Geográfico Nacional)

No cabe duda que los Juegos Olímpicos del 1992 fueron una gran oportunidad que Barcelona supo aprovechar con sensatez, consiguiendo su redefinición. A pesar de que muchas cosas habían podido hacerse de manera diferente, y que hoy en día algunos de los equipamientos sufren períodos de crisis, el balance sigue siendo positivo. Barcelona continúa creciendo y su hambre de experimentar no se ha debilitado.

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