Venecia: recuperar la escala humana

Miguel Ángel Cajigal Vera, El Barroquista
28. noviembre 2019
Fuente foto: AFP

Venecia es un milagro urbano levantado sobre un archipiélago de más de cien islas. Un verdadero éxito de la capacidad humana de civilizar los espacios más complejos. Nació en el siglo V como un modesto poblado de casas de comerciantes y acabó convirtiéndose en una de las potencias económicas y comerciales más influyentes de la Historia de Europa. Norwich dice que fundar Venecia fue una “temeridad” y, desde luego, es un atrevimiento haber poblado de una forma tan frágil esta laguna durante casi 1.600 años.

La tradición local cuenta que la ciudad fue fundada al mediodía del viernes 25 de marzo del año 421 y que sus primeros habitantes eligieron precisamente este lugar por ser difícil e inhóspito, con la esperanza de que los bárbaros que estaban asentándose por todo el Imperio Romano de occidente les dejasen un poco tranquilos. Es una paradoja que los mismos factores que hicieron nacer Venecia la estén asfixiando hoy. 

La noche del pasado martes 14 de noviembre de 2019 quedará marcada en la historia de la ciudad ducal como ese momento crítico en que temimos por la supervivencia de buena parte del patrimonio construido de esta joya cultural, con la basílica de San Marcos a punto de colapsar por el efecto del agua en su interior. 
 

Plaza de San Marcos inundada en 1825, pintada por Vincenzo Chilone - Foto: Wikimedia Commons

No nos engañemos. Venecia se inunda desde siempre, porque está en un lugar propicio para que esto suceda. Desde la casi mítica Rotta della Cucca - el desbordamiento del río Adige en el año 589 que sumergió buena parte de lo que hoy es la región del Véneto - la ciudad de los canales y su Laguna han estado sometidas a periódicas inundaciones. Desde el siglo VIII hasta la actualidad el fenómeno del acqua alta, que se origina cuando la marea alta y una presión atmosférica baja tropiezan con el característico siroco que sopla desde el mar, se documenta de manera cíclica. El progresivo hundimiento del terreno (fenómeno que llamamos “subsidencia”) ha acentuado los efectos de estas mareas en un ecosistema que ya es frágil por naturaleza. 

Sin embargo, no es menos cierto que de las veinte mareas más altas desde 1923, trece han ocurrido en lo que llevamos de siglo XXI. O que de las seis veces que la valiosa basílica de San Marcos se ha inundado en sus 1.200 años de historia, la mitad han tenido lugar en los últimos veinte. Son datos que hablan alto y claro de que en las últimas tres décadas se han tenido que sumar nuevos factores de deterioro del ecosistema veneciano que han agravado su particular fragilidad.
 

Imagen del acqua alta del 4 de noviembre de 1966 - Foto: Wikimedia Commons

Uno de esos factores ya ha sido señalado claramente: el cambio climático. Si las variaciones en el clima y su correlativo aumento del nivel de los océanos amenazan a los territorios costeros, es obvio que una ciudad con la ubicación frágil de Venecia se va a ver todavía más expuesta a esta realidad. En este contexto, las miradas se dirigen siempre al Sistema MOSE: un entramado de compuertas para cerrar la Laguna imaginado tras la catastrófica acqua alta de 1966 y proyectado finalmente tras un ciclo de inundaciones en los años 80 del pasado siglo. Esta infraestructura paliativa de las mareas se ha encontrado con retrasos y casos de corrupción que la mantienen todavía inacabada, seis años después de la fecha teórica de su puesta en funcionamiento. 

El otro factor de impacto sobre la conservación de Venecia es el turismo. Un sector que explota esta magnífica ciudad histórica de manera masiva y la convierte en la estrella de uno de sus productos más lucrativos: el crucerismo. Quizás por los muchos intereses que mueve el sector, este factor de deterioro ha pasado hasta ahora más desapercibido que el hundimiento natural del suelo o la subida del nivel del Adriático debida al cambio climático. Pero no debemos dejar de lado el hecho de que la explotación turística de la Laguna actúa también como un importante factor de deterioro, sobre todo teniendo en cuenta que la frecuencia de mareas graves se ha incrementado en paralelo a la cantidad de cruceros y turistas que recibe este enclave. 

Crucero pasando por el Canal de la Giudecca - Foto: Getty Images

El paso de gigantescos buques de recreo por el canal de la Giudecca con destino a desembarcar a sus miles de turistas en el puerto veneciano se ha convertido en parte del paisaje diario de la ciudad. Estos buques de escala monstruosa, con su desplazamiento de agua, contribuyen a generar mareas que deterioran el fondo de limo de los canales y la Laguna, desestabilizando el frágil equilibrio de este ecosistema. En esta dirección también actúan las embarcaciones a motor de tipo turístico, cada vez más frecuentes no solo en la Laguna sino en los propios canales, que producen movimientos de agua y vibraciones en un entorno especialmente delicado. 

No es casualidad que el transporte tradicional de la Laguna veneciana sea la góndola: un vehículo impulsado sin remos, que se vale de una pértiga que delicadamente lo propulsa desde el fondo. Este peculiar vehículo nació porque los venecianos han sabido durante siglos algo que la industria del turismo parece ignorar: que toda Venecia se haya cimentada sobre millones de pilotes clavados en el limo del fondo de la Laguna y que mimar ese lecho marino es crucial para la supervivencia de la propia ciudad. Hoy, la flora del fondo de los canales se encuentra prácticamente devastada y sufre la colonización de múltiples especies invasoras que entran en el ecosistema de la Laguna gracias, precisamente, a esos grandes buques turísticos. Sin ese tapiz protector, el limo que sostiene Venecia está desprotegido frente a mareas naturales y los desplazamientos masivos de agua provocados por la explotación turística de los canales. 

Crucero atravesando Venecia; de fondo, Santa Maria della Salute - Foto del libro "La battaglia di Venezia" de Vincenzo Latina y Francesco Venezia, D Editore

Venecia es, posiblemente, la ciudad museo más valiosa de Europa. Solo una recuperación de la escala humana en su consumo turístico podrá ayudar a que se preserve para los próximos siglos. Erradicar los cruceros en toda la Laguna, vetar las embarcaciones de recreo a motor en su interior y reservar el tráfico de los canales al transporte público son ahora medidas urgentes. Porque la próxima acqua alta podría ser la última para cualquiera de los muchos monumentos de esta ciudad única.

Miguel Ángel Cajigal Vera es historiador del arte y miembro del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS). Se dedica a la divulgación cultural y patrimonial en redes sociales como El Barroquista. 

https://twitter.com/elbarroquista  

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