La pandemia obliga al mundo de la arquitectura a una profunda reflexión

Antonio La Gioia
1. mayo 2020
Barcelona, La Rambla - Foto: World-Architects

Como en un extraño – pero terriblemente real – experimento, la pandemia altera todas las condiciones del habitar, la organización del espacio y la gestión del tiempo. Un inesperado ensayo que ha abierto numerosas grietas y desatado el debate en la sociedad y entre los arquitectos.

La primera señal de que la pandemia ponía en crisis el entorno construido existente ha llegado de las estructuras hospitalarias colapsadas por el repentino pico de pacientes, tanto, que es opinión difundida que la expansión del virus ha sido favorecida por la respuesta inadecuada de los centros sanitarios.

Hablamos de ello hace pocas semanas con varios expertos de arquitectura hospitalaria, a los que también se suma Maximià Torruella, director general de PMMT: “Los hospitales actuales están bien planteados para responder a las necesidades de nuestra sociedad de manera generalista, pero no para responder a pandemias de este tipo”. Y propone: “Debe repensarse y completarse la red y no tanto los hospitales actuales. […]La solución es generar nuevas infraestructuras muy tecnológicas que puedan funcionar como grandes centros híper especializados, como una gran UCI con centenares de camas, con todas las garantías para los médicos y pacientes. Estos hospitales que podríamos llamar, de contingencias especiales, podrían situarse cercanos a los grandes centros sanitarios del país para optimizar los recursos disponibles y concentrar, en la medida de lo posible, todos los casos derivados de la pandemia para que el resto de la red pueda funcionar con la máxima normalidad. En periodos de ausencia de grandes epidemias seguirían funcionando de manera combinada como centros de investigación o de especialidades con pequeñas adaptaciones del equipamiento.

El confinamiento ha recluido a la población en sus propias casas comprimiendo en uno los diferentes espacios para el desarrollo de las actividades cotidianas (habitar, trabajar, hacer deportes, socializar…), pero también ha puesto de manifiesto no solo la inadecuación de las viviendas para dar respuesta a una situación tan extraña como esta, sino también las deficiencias estructurales en el patrimonio de viviendas existente y las deficiencias normativas.

Xavier Bustos, arquitecto director de Cities Connection Project subraya: “Es evidente que una vivienda mejora con la incorporación del espacio exterior (patios, balcones, terrazas, jardines), de espacios flexibles de relación que permitan incorporar usos paralelos al del propio habitar, con espacios generosos en superficie y volumen, como es evidente que una vivienda mejora con las condiciones de luz natural, ventilación, flexibilidad tipológica o materiales naturales utilizados en su construcción. No era necesario pasar por el confinamiento para verlo. Es evidente también, y aquí reside uno de los principales problemas, que durante muchos años se ha apostado por lo contrario; la velocidad de crucero es alta y se necesita mucho esfuerzo (económico, político, social) para corregir esa deriva hacia la construcción de una ciudad donde todo es rápido, todo es pequeño, todo es ruidoso y todo está prohibido”. Y propone: “podemos tomar nota de muchísimos ejemplos de vivienda cooperativa de Zurich que, con una gran tradición y conocimiento tipológico, lleva años abordando estos aspectos y apostando por conjuntos de viviendas que tratan de dar respuesta a todo ello”. Allí donde la arquitectura ha llegado a dar este tipo de respuestas, como en la Borda - uno de los pocos ejemplos de viviendas cooperativas realizados en Barcelona - el límite lo ha puesto la aplicación de la normativa que, tal como dice Bustos, todo lo prohíbe. "No se ha pensado que hay formas colectivas de convivencia” y se ha limitado fuertemente el movimiento en los espacios colectivos del edificio – declara Elba Mansilla, vecina del cohousing diseñado por la cooperativa de arquitectos Lacol.

Según Xavier Monteys, arquitecto y coordinador del grupo de investigación Habitar de la UPC, el confinamiento proporciona una ocasión única para que se produzca un cambio en el planteamiento de las viviendas, ya que “esta experiencia nos ha afectado a todos, a los que legislan, a los que diseñan y a los que viven”. Para Magda Mària, del mismo grupo de investigación, “las casas que mejor funcionan ahora son las que tienen diferentes estancias bastante equivalentes en metros cuadrados y condiciones, y que pueden acoger diferentes usos".  Xavier Monteys propone, entre otras cosas, que las viviendas puedan tener unas “habitaciones satélites”. Unas habitaciones que, a pesar de pertenecer a la superficie de la vivienda, se encuentren en otro lugar, fuera del perímetro continuo que la normativa impone a las viviendas. Habrían solucionado muchos problemas en esta situación, desde el teletrabajo, el telecole o el cuidado de la gente mayor (Fuente Diari Ara).

Una solución parecida la sugiere el grupo de arquitectos italianos (Italia es uno de los países más afectados por la pandemia y en el que el debate entre los arquitectos es más activo) liderado por Massimiliano Fuksas y los arquitectos del estudio Archea en una carta abierta dirigida directamente al Presidente de la República Italiana y firmada también por Ramon Prat Homs, editor y comisario, en Barcelona, de la plataforma digital Urban Next: “imaginemos el diseño de un edificio con docenas, cientos de apartamentos en los que se reserva un piso completo, como un espacio flexible, destinado a las diversas necesidades de la comunidad, que puede transformarse, según los eventos, en espacios destinados al “smart working”, en lugares equipados para que los niños sigan lecciones (smart) de aprendizaje, o para ser utilizados simplemente como un lugar para reunirse y socializar. El largo período de encierro está produciendo comportamientos tangibles sobre los que no habíamos reflexionado. Un espacio abierto y flexible también puede convertirse en un lugar de primeros auxilios y aislamiento.

El diseño de los espacios de trabajo es otro tema sobre el que se ha abierto una amplia discusión. El forzoso impulso al home-working consolidará esta forma de trabajo también después de la pandemia (Global Workplace Analytics) y conllevará adecuaciones también en las oficinas físicas que tendrán que adaptarse para gestionar el trabajo en remoto. El home-working al que nos estamos viendo obligados “legitimará en cierto sentido el cambio en la forma de trabajar” que necesitamos según Sergio Vinci, socio y director técnico de studio Transit
Maurizio Papa, arquitecto asociado de UnStudio, remarca que “después de meses trabajando desde casa, no estaremos listos para volver al openspace. La tendencia ya vista en varios proyectos crecerá: reducir al mínimo el número de escritorios fijos en las oficinas a favor de espacios flexibles e informales. En este momento, todos piden flexibilidad, estamos descubriendo que se puede trabajar desde diferentes lugares”.

Consideraciones similares se están haciendo para imaginar como cambiarán los espacios de cualquier uso, desde los restaurantes a los espacios comerciales, las escuelas, los teatros y los gimnasios, hasta llegar inevitablemente a la ciudad. Se está poniendo en discusión todo el entorno físico y de relaciones y se está haciendo un esfuerzo - quizás aún temprano para tener una real validez – para prefigurar cómo será el después.  El paralelismo con las previstas consecuencias del cambio climático es natural e ineludible.

Cuando las ficciones distópicas nos hablaban de catástrofes, en nuestro imaginario de país desarrollado era siempre el medio ambiente el que estaba al borde del cataclismo. Lluvias ácidas, polución, desaparición de especies y desastres naturales eran el escenario de un futuro en el que la humanidad se enfrentaba a su fin inminente. Pero el futuro ha llegado y nos ha sorprendido a todos con una pandemia que nos ha recluido en nuestras casas.” Afirman Batlle i Roig
La rapidez de la pandemia ha sacudido la conciencia de la sociedad de una manera más poderosa de lo que ha hecho el cambio climático con su “lentitud”. 
Y lo que emerge de manera más contundente, tal como dice Mario Cucinella (MCAarchitects), es que “la arquitectura es necesaria”. Por fin en los comités de expertos contra la crisis empiezan a aparecer los arquitectos, que tienen necesariamente que estar preparados para ser parte del proceso de toma de decisiones. 
Esperemos que la vacuna para el COVID-19 llegue pronto, pero que no nos inmunice también contra la arquitectura.

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