La movilidad poscovid de Barcelona coge color

Antonio La Gioia
1. noviembre 2020
Reducción de calzada en la calle Consell de Cent | Foto: World-Architects

La administración de la capital catalana ha aprovechado la pandemia para impulsar una serie de actuaciones en las principales calles de la ciudad con el objetivo de ganar espacio al coche en favor de peatones y ciclistas.

A partir de mediados de junio el Ayuntamiento de Barcelona ha puesto en marcha un paquete de intervenciones efímeras que prevén nuevos carriles bici, la pacificación de entornos escolares, la reducción de la calzada de importantes arterias y cortes puntales de tráfico.

Foto: World-Architects

Amplias áreas de la ciudad sufren las consecuencias de la intensa edificación y de la excesiva presencia de los coches. Los niveles de contaminación y ruido de la ciudad son muy elevados, la disponibilidad de espacios públicos y verdes muy escasa, la velocidad de los coches en muchas arterias internas de la ciudad es excesiva y peligrosa. Ampliar el espacio disponible para asegurar la distancia social en esta época de Covid ha sido el pretexto para empezar a buscar soluciones, de momento efímeras, a estas problemáticas tan consolidadas.

“Ganar espacio para la gente y más verde no tiene vuelta atrás”, afirma la alcaldesa de Barcelona Ada Colau. A pesar de que esta visión va en contra de algunos intereses particulares - tanto que la Fiscalía ha abierto una investigación a raíz de una denuncia por delito de prevaricación y contra la seguridad vial referente a una actuación en la calle Consell de Cent - la dirección hacia donde apuntan estas acciones pone de acuerdo a casi todos. Pero el “cómo” se está actuando levanta más de una voz en contra.

Ampliación de terrazas en la calzada - Foto: World-Architects

Pivotes coloreados, barreras New Jersey pintadas de amarillo, pinturas señaléticas horizontales en azul (para las zonas dedicadas a bicis) y en amarillo (para los peatones) están poblando el nuevo paisaje urbano barcelonés poscovid.

“El lenguaje usado nos infantiliza a todos” afirma Pau de Solá Morales, arquitecto y presidente de Arquinfad. “Los políticos no tienen conocimiento estético”, refuerza Claret Serrahima, Premio Nacional de Diseño 2010. “No hacerlo bien, pone en bandeja la crítica”, alerta Enric Batlle. “Si lo quieren consolidar, que le den dos vueltas”, sugiere Antoni Arola. “Es una chapuza sin criterio” resume a su manera Javier Mariscal. Más condescendientes han sido otros diseñadores, como Oskar Guayabero según el cual “se ha dado una respuesta funcional pensando en probar y ver qué pasa” o Juli Capella : “Lo importante es que todo tacticismo se inscribe en un estrategia, y esta a su vez, en un objetivo global de ciudad que es lo que se persigue. Eso es lo verdaderamente importante más allá del color de las pinturas o si son los elementos urbanos feos o bonitos”.

Ampliación de terrazas en un chaflán del Eixample de Barcelona - Foto: World-Architects

No ha tardado en llegar la respuesta del Ayuntamiento. Janet Sanz, concejal de Urbanismo, Ecología y Movilidad, describe las actuaciones como “un ejemplo de urbanismo táctico” que ha recurrido a “soluciones provisionales que ahora, en la segunda fase en que hemos entrado, hay que consolidar”. Los problemas de ejecución se corregirán recurriendo “a un concurso público de ideas para consolidar esos cambios de manera óptima”. La señalización debe ser “más clara e intuitiva” y pivotes, barreras y bloques de hormigón deben ser sustituidos por elementos permanentes “más funcionales, mejor diseñados y, por qué no, más atractivos”.

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