Pista de atletismo Tossols-Basil, Olot, 1991-2001. Foto: Pep Sau

Jaume Prat, arquitecto, comisario y autor de numerosos textos sobre arquitectura, repasa en el siguiente artículo escrito para World-Architects la trayectoria de RCR arquitectes a raíz del anuncio de la concesión del Premio Pritzker 2017 al estudio catalán.​

El pasado uno de marzo la arquitectura estuvo de enhorabuena al premiar al estudio RCR arquitectes. Una intervención de RCR arquitectes suma a sus valores intrínsecos la intención de potenciar su emplazamiento mediante una gran capacidad de emanación, una fuerza centrífuga que desdibuja sus límites para contaminar positivamente lo que la rodea. Es por eso que es una obra antiicónica, discreta, incluso escondida: no busca definirse a través de sus límites. Quiere traspasarlos, ser permeable a las condiciones del lugar, dialogar con él, redefinirlo, potenciar lo que tiene de positivo y corregir sus posibles deficiencias. Su obra tiene vocación holística, sistemática, propositiva. No estamos ante un estudio que se limite a ejecutar un encargo con solvencia. Que también. Estamos ante un estudio que expresa una manera de entender el mundo, la vida, que expresa una cosmogonía que busca colocar al ser humano en resonancia con un medio ambiente depurado de todo el ruido, la prisa y el stress de la presente condición contemporánea. 
 
El Pritzker a RCR arquitectes (a partir de ahora RCR. El nombre es un acrónimo formado por las iniciales de los nombres de los tres amigos que lo componen, Rafael Aranda, Carme Pigem y Ramon Vilalta) representa la consagración del legado de la arquitectura catalana. Ésta se define por una serie de valores sin los que es imposible entender la obra de RCR: un amor por los espacios comunes de dimensiones lógicas y controladas, humanas, tales como plazas, mercados o lonjas. Un interés por convertir cada edificio público en un centro cívico que trascienda su función primigenia. La arquitectura catalana es sobria, intensa, expresada y estructurada a partir de mecanismos de control del clima: porches, persianas, emparrados, una gran gama de filtros que permita vivir en espacios tan ambiguos que uno no sabe si está en un interior con condición de exterior o al revés, en un exterior con condición de interior. Estos son los espacios más característicos de RCR.
 

Plaza mayor renacentista de Calaceit. Foto: Jaume Prat

Bodegas Bell-Lloc, 2007. Foto: Hisao Suzuki

Este Premio Pritzker es excepcional: por primera vez se otorgan tres galardones en un mismo año. Y es que Rafael, Carme y Ramon han trabajado siempre juntos. La autoría de los trabajos del estudio es conjunta. No había otra manera coherente de otorgar este galardón que no fuese premiando a cada uno de los miembros del equipo. Lo que consagra la arquitectura entendida como un trabajo conjunto. Como una inteligencia colectiva. Como una mente colmena.
 
La mención del jurado destaca una serie de valores que forman un retrato bastante exacto de lo que es este estudio, como se pone de manifiesto en este extracto:

 “All their works have a strong sense of place and are powerfully connected to the surrounding landscape. This connection comes from understanding – history, the natural topography, customs and cultures, among other things – and observing and experiencing light, shade, colors and the seasons.
Each building designed by these architects (…) is uncompromisingly of its time and place. (…) They understand that architecture and its surroundings are intimately intertwined (…) [All of its values] are powerful tools for creating lasting and meaningful spaces. For these reasons (…) and for their ability to express the local, but also the universal [RCR] are awarded the 2017 Pritzker Architecture Prize.”

Si tomamos esta mención como estructura del razonamiento podemos, con unos ejemplos simples asociados a estos conceptos, completar una introducción a la obra de RCR.
 
El lugar donde los RCR viven y trabajan es Olot, ciudad rodeada por volcanes extinguidos que crean un substrato capaz de crear un microclima especial con especies vegetales únicas en la península ibérica. Los volcanes de Olot presentan condición urbana. Trabajar de arquitecto en Olot no es sólo establecerse en una ciudad pequeña: es aceptar estar a mucha distancia de una facultad de arquitectura que pueda proveer al estudio de colaboradores. Trabajar en Olot en estas condiciones es aceptar que la obra se formará a partir de trascender encargos pedestres, directos, humildes, casi banales.
El mejor ejemplo para entenderlo es el Pabellón del Baño. Este pabellón fue concebido por el Ayuntamiento de Olot como unos pequeños servicios que posibilitasen el baño en un recodo del Fluvià, el río que cruza la ciudad: unos lavabos, una máquina de bebidas, un pequeño vestuario. Poco más.
RCR convierte este pequeño encargo en la piedra angular para entender toda su obra posterior. El programa requerido será ordenado y dispuesto en el terreno como si de un templo griego se tratase: una construcción que, fuertemente anclada en el lugar por la curva del río que encuentra su eco en la cubierta, por la vegetación ribereña que modula la estructura, por los vuelos y la huella de la plataforma desplazados que dispersan la construcción, es a la vez una pieza autónoma, de fuerte personalidad: el lugar es convocado, ordenado, potenciado y realzado por un pabellón de potencia formal suficiente como para tener sentido descontextualizado. El material empleado para su construcción será el acero, que se expresa por primera vez en todo su potencial.
 
El acero es entendido por RCR como el material que puede unificar una construcción a todas las escalas, desde la estructura hasta los cerramientos pasando por los revestimientos y el mobiliario, haciendo aparecer el espacio, destilándolo sin que éste quede estorbado por ornamentaciones añadidas. El acero presenta la doble capacidad de envejecer, de integrarse al lugar, y de ser leído como un material dotado con un grado de abstracción suficiente como para poseer el mismo sentimiento de extrañeza y artificiosidad que los mármoles blancos de un templo griego.
 
 

Pabellón del Baño, 1998. Foto: Pep Sau

Pabellón del Baño, 1998. Foto: Pep Sau

La historia del lugar constituye para RCR material de proyecto. El Laboratorio Barberí, sede de su estudio, se superpone a la antigua fundición que existió previamente. Los pavimentos se realizan con las planchas y lingotes de acero encontrados en el lugar. Los vacíos de los hornos de las campanas se preservan, así como el hollín de las paredes e incluso los agujeros existentes en la cubierta. Lo nuevo se superpone a lo viejo, se adapta, se acomoda y se aprovecha tanto de la memoria de la fábrica como de su condición de ruina rehabitada. Todas las capas de tiempo son trazables y visibles simultáneamente en un espacio que cambia constantemente al ritmo de las necesidades del estudio, de las horas del día y del ritmo de las estaciones.
 

Espai Barberí, 2004-2008. Foto: Hisao Suzuki

Espai Barberí, 2004-2008. Foto: Hisao Suzuki

Espai Barberí, 2004-2008. Foto: Hisao Suzuki

La topografía es usada por los RCR como factor positivo que realce el valor de sus construcciones: la topografía estructura. La topografía ordena. La topografía da las raíces y las alas (flotar y enterrarse) con que los arquitectos se definen. La Casa Horizonte aprovecha el bancal donde se coloca para dejar los espacios de vida simultáneamente enterrados metro y medio (sensación de refugio en una casa con dos frentes enteramente vidriados) y flotando entre las copas de los árboles.

Casa Horitzó, 2000-2007. Foto: Jaume Prat

Esta sensación de aprovechar la topografía para disponer la construcción simultáneamente enterrada y flotando dará espacios tan bellos como el proyecto de las Casas de la Fosca, con una planta baja enterrada que aprovecha los muros divisorios entre viviendas para liberar completamente la estructura dejándola como un vacío tan sólo activado por los troncos de los pinos mientras las viviendas serpentean y se distribuyen en torno de las copas de los pinos existentes usados aquí como depósito de luz y como filtros solares que privatizan las diversas estancias entre ellas.

Proyecto para casas en la Fosca, 2005. Imagen: RCR arquitectes

Las costumbres, la vida en la calle, la manera de usarla característica de los catalanes se condensa y cristaliza en el vacío que configura el Espacio la Lira de Ripoll, configurado por la huella de un teatro quemado simplemente forrada de acero en todo su volumen. Un puente excéntrico crea un nuevo flujo desde la ciudad vieja al mercado compatible con cualquier uso que se pueda proponer allí, integrándose y reforzando los flujos existentes con tal naturalidad que parece que siempre haya estado allí. Y la vegetación abriéndose paso lentamente a través de la estructura: en diez años el espacio estará mejor que ahora.
 

Espai la Lira, Ripoll (con Joan Puigcorbé), 2003-2011. Foto: Hisao Suzuki

Espai la Lira, Ripoll (con Joan Puigcorbé), 2003-2011. Foto: Hisao Suzuki

La cultura es cuestionada, criticada y reformulada en cada uno de sus casas unifamiliares, el verdadero laboratorio de experimentación del equipo. Habitar una casa de RCR es ser sensible al medio que la rodea. Es repensar conceptos como la comodidad, la intimidad o la manera de movernos por nuestra vivienda. Es estar atento a los ritos cuotidianos, a las transiciones y al paso de las horas. Las casas de RCR proponen una arquitectura que transforma incluso a nivel tipológico: se habitan los gruesos de fachada. Los patios vidriados separan estancias. El propio concepto de interior y exterior es sistemáticamente cuestionado con el uso inteligente de la tecnología, que permite remover literalmente el cerramiento de las fachadas como en la Casa Horizonte o en la Casa Entremuros, la más radical jamás formulada por RCR, donde toda una familia vive en un vacío, bajo el mismo techo, colonizando plataformas amuebladas diferentemente siguiendo el ritmo de sus habitantes: hermética a la calle, abierta al jardín, la casa es un espacio exterior habitado.
 

Casa Entremurs, Olot, 2009-2012. Foto: Hisao Suzuki

Casa Entremurs, Olot, 2009-2012. Foto: Jaume Prat

Casa Entremurs, Olot, 2009-2012. Foto: Hisao Suzuki

Finalmente RCR se proyecta al mundo. Sus nuevos proyectos, las tres cuartas partes de los cuales son internacionales, permiten exportar esta manera de entender la arquitectura allá donde se les invite: la condición local y la universal se funden. De la base de Olot a Dubái, Bëlgica o Francia. La comprensión del lugar da proyectos barceloneses en Barcelona, franceses en Francia o belgas en Bélgica exportando esta comprensión de la arquitectura allá donde se la emplace.

Museo Soulages, Rodez, 2008-2014. Foto: Hisao Suzuki

Museo Soulages, Rodez, 2008-2014. Foto: Jaume Prat

RCR son una mente con tres cuerpos, un estudio que tienen el compartir en su intención fundacional, gracias a lo que han conseguido construir esta manera apasionante y poética de entender la arquitectura.

​Y ahora entran en una nueva dimensión. Por muchos años.

Museo Soulages, Rodez, 2008-2014. Foto: Jaume Prat


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